¡Oh! Mis pies, rosando el aire con su briza mañanera, con olor a menta tocan en el violín una canción de cuna, pareciera que el viento estuviera cantando como cuando mi alma grita en soprano a los cuatro vientos.
Siento un aullido en el horizonte, al ver comprendo que los enanos han salido de sus cuevas a conquistar el mundo de los huracanes, luchando contra los gigantes grises y los kraken negros, que agitan las nubes provocando que mis pies se entumezcan con el frio que provocan sus labios de gritos incesantes de piedad.
Caminando en el espacio del aire en donde su frialdad empezaba a congelarme, tome mis zapatillas y comencé a correr para tomar calor, mis ojos comenzaron a cerrarse por el viento que choca contra ellos, mis manos comienzan a entumecerse, las observo y veo que de ellas salen plumas que crecen y me transforman en un ave plateada que cruza de polo a polo.
Veo la nieve que quema mis pies que se transforman en garras que cazan mi dolor, lo devoro con lo que fue mi boca transformada en lo que sería un afilado pico, la luz me ilumina, el sol sale frente a mí, su cálido color me dice que el hielo comenzara a desprenderse de mi mundo, el cielo se cae y el mar flota, la tierra se desvanece y comienzo a creer que el mundo nace.
Miro a mí alrededor y todo está como Dalí lo quiso, el tiempo ya no es tiempo y las horas ya no son horas, los minutos ahora son días y los años son segundos, ¿es acaso que el minutero se ha detenido a mis pies?. Mirando mi muñeca, mi reloj de pared esta disolviéndose como cuando la nieve tocaba mis labios de sol.
Escucho desde el fondo una guitarra que toca en punteo. Dime sol, ¿es acaso que tocas por placer? O simplemente no deseas que el mundo vuelva a mirar las cuerdas que aparecen en el chelo de medio día. Tu compañera la luna baila alrededor del fuego mientras cantas los poemas de corazón que narran sobre el adiós. Es acaso que el mundo girara para poder ir donde los ojos del mismo vacio crean que ven al saber que son ciegos al amanecer de los clarines que tocan en una mañana sin un aullido de hambre.
¿Es así como se expresan las multitudes de masas que giran a tu alrededor? Con una canción en la que narras que el amor es una superstición y no una realidad escrita en palabras de un sufridor que ha perdido las cuentas de su vida en un rosario que no terminara hasta que la cuenta más grande llegue a su caída en las manos de los ojos hermosos de un sol que resplandecerá en la mañana de un día con nieve.
Hace días que anhelo volver a ver el sol cuando era vidente a los ojos de ese que algunos dicen que existe, mirando el mar que grita contra las rocas que hacen explotar el mundo como si fuera una realidad.
Los ojos de mi rostro sollozan al ver este paisaje europeo que ese continente perdió. Mis pies aun viven, siento como palpitan al sentir vida dentro de otra. Dime sol ¿la vida es vida sin vivir?
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