“Ella es la francesa…” Caro
“No me gusta que me digan así” Victoria
Recuerdo que no te gustaba que te llamara así, pero era la única manera de acordarme de ti era llamándote así. A medida que pasaba el tiempo me fui acostumbrando a llamarte “Vicky” de hecho, nunca te puse un apodo.
Fue gracias a la cote que te conocí, cuando ibas en primero medio, y de hecho nunca te hable porque realmente me daba cosa hablarte, siempre creí que eras de otro lado, hasta que me di cuenta que eras una chica normal con problemas normales solo que algunos estaban en Francia.
Recuerdo la primera vez que fui a tu casa, quede fascinada, de hecho, me enamore de tu casa, digo del patio de tu casa, también recuerdo que fuiste la que más me apoyo en todo, de hecho, siempre a pesar de todo siempre me apoyaste, me subiste el ánimo y me dijiste que todo era posible.
“ay… caro… La caro” decías con suspiros. Siempre me decías eso cuando decía algo ridículo, de hecho, siempre lo decías en el liceo, y me pegabas unas palmaditas en la cabeza.
Cada vez que me acuerdo de ti es por tus caballos, los amo, de hecho siempre he amado a esas bestias majestuosas, de hecho cuando debía colocarte un ser mágico pensé… Domadora de Mearas, el jinete que los domara sería el mejor de todos.
Mi querida yegua, porque eres una caballa, has sido una rica bendición que me han puesto en el camino, de hecho, te extraño pero sé que estas cumpliendo un sueño en ese lugar al que cuando sale en las noticias por un movimiento sísmico me hurgo y quiero llamarte pero no puedo por dinero, de hecho, siempre estoy pendiente de que no te pase nada con esos malditos movimientos, solo a ti se te ocurre irte a estudiar a un epicentro.
Te quiero mi Vicky, y espero nunca olvidarte.
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